Orgasmo
Y acude con delicadeza a la cita,
sin muchas expectativas,
pero dispuesta a ser vehículo
para el regocijo del otro,
el amado,
el espejo humano
en que se refleja
cada día y cada noche,
cada sueño y cada miedo
de sus últimos días.
Va dispuesta a cumplir el ritual,
a revelar el misterio
más íntimo de si misma a otro
que considera digno
de tal confianza,
de tal arrojo.
No se esperaba el estertor,
las frágiles sacudidas,
el tiritar a pesar de no tener frío,
y el estallido mudo
de su cuerpo
ante otro cuerpo,
de su alma ante otra alma,
de un misterio develado frente a otro.
Al final no dice nada,
no es necesario,
solo cierra los ojos, suspira,
y se abraza a si misma
a través de él.
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