Entre Lola y María
María habla mucho,
todo el tiempo,
en todas partes.
Es una gran narradora de su vida.
Disfruto escucharla,
me entretiene, me divierte.
Lola es todo lo contrario.
Es una artista del silencio.
Dice solo lo necesario,
ni una palabra de más,
ni una palabra de menos,
y siempre las palabras justas,
las adecuadas.
Si me preguntan con quien me quedo,
me quedo con Lola.
Prefiero los misterios
a los libros abiertos,
prefiero los silencios que gritan,
qué el sonido ininterrumpido
de la vanidad.
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