Expectativa de verano
La arena recibe de nuevo a extraños,
y recuerda lo que no es sentir la caricia
de la luz combatiendo a la humedad
y pariendo sal.
Su superficie se vuelve inestable, cambiante,
y a sus habitantes habituales se suman
cuerpos extraños que se entierran en ella,
no por necesidad sino por juego.
El muro de sonido de las olas es interrumpido
por risas y gritos, por discordancias caprichosas
que rompen el ritmo de su perpetuo
acto de desaparición en la orilla.
Ha llegado el verano, y con él
ilusiones y deseos, sueños y recuerdos,
y la eterna presunción de que este
si será el mejor de nuestras vidas.
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