Hola y adiós
Te miro y tiemblo sin poder evitarlo,
mis párpados pestañean más de lo habitual,
y mis dientes muerden mi labio inferior
por decisión propia.
Tu sudas a pesar del frio,
y tu mirada ve hacia cualquier parte
menos hacia mi.
Tu cuerpo también te delata,
y entre las traiciones orgánicas qué nos
asaltan el mensaje es claro.
Hay una tormenta eléctrica
en nuestras neuronas,
un excedente repentino en el aire
de nuestras feromonas,
y una sensación de inevitabilidad
en el ambiente.
Nos miramos imaginándonos,
fantaseando en silencio como sería
estrellarnos uno contra el otro,
Integrarnos uno al otro,
dejar de ser uno y otro.
Nos saludamos al cruzarnos por la calle,
a la entrada del edificio, en el mercado.
Yo te digo ¡Hola!,
y aminoro sutilmente el paso
en una invitación a que te detengas.
Tu bajas la mirada y dudas,
dudas siempre,
tus pasos arítmicos te delatan,
pero después de un titubeó
qué parece durar horas,
levantas coqueta la mirada
y me dices ¡Adiós¡
Un adiós con tono de victoria
y derrota al mismo tiempo,
y una mirada que dice:
¡Quiero, pero no estoy lista.
Salúdame mañana de nuevo por favor!
Y así será.
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