Continuamos -y cerramos- con este post la presentación del movimiento de vanguardia artística, Futurismo (ver post anterior), retomando otros fragmentos del primer manifiesto.
VlIl. ¡Estamos sobre el promontorio extremo de los siglos! ¿A qué mirar detrás de nosotros, que es como ahondar en la misteriosa alforja de lo imposible? El Tiempo y el Espacio han muerto. Vivimos ya en el Absoluto, puesto que hemos creado la celeridad omnipresente.
IX. Queremos glorificar la guerra—única higiene del mundo—, el militarismo, el patriotismo, el gesto destructor de los anarquistas, las bellas ideas que matan y el desprecio a la mujer.
X. Queremos demoler los museos, las bibliotecas, combatir el moralismo, el feminismo y todas las cobardías oportunistas y utilitarias.
XI. Cantaremos a las grandes muchedumbres agitadas por el trabajo, el placer o la rebeldía, las resacas multicolores y polífonas de las revoluciones en las capitales modernas: la vibración nocturna de los arsenales y de los almacenes bajo sus violentas lunas eléctricas, las estaciones ahítas, pobladas de serpientes atezadas y humosas, las fábricas suspendidas de las nubes por el bramante de sus chimeneas; los puentes parecidos al salto de un gigante sobre la cuchillería diabólica y mortal de los ríos, los barcos aventureros olfateando siempre el horizonte, las locomotoras en su gran chiquero, que piafan sobre los raíles, bridadas por largos tubos fatalizados, y el vuelo alto de los aeroplanos, en los que la hélice tiene chasquidos de banderolas y de salvas de aplausos, salvas calurosas de cien muchedumbres.
Podemos corroborar en estas citas del primer manifiesto los elementos característicos apuntados en el post anterior, tales como la negación desproporcionada del pasado, la exaltación de la modernidad material y tecnológica del momento (la "modernolatría" o la idolatría de lo moderno), y, sobre todo, su actitud (la de su autor en especial, Marinetti) desaforada, discriminatoria y agresiva, propia de esa "patología de la destrucción", criticada por Compagnon, que entroncará con el fascismo.
Quizás los principales aportes del Futurismo estén en lo estrictamente formal del plano lingüístico, donde hay que destacar proposiciones técnicas, especialmente. Proclamadas en el titulado "Manifiesto técnico de la literatura futurista", de 1912, y algunas de ellas concretadas por Marinetti en poemas suyos, particularmente en su libro Zang-Tumb-Tumb. Entre ellas: la disposición de los sustantivos al azar, el empleo del verbo en infinitivo, la abolición del adjetivo.
Las más importantes estarían recogidas en lo que denominó "imaginación sin hilos" y "palabras en libertad": se trata de "la libertad absoluta de las imágenes y analogías, expresadas por palabras sueltas, 'sin hilos' conductores de la sintaxis, y exentas de puntuación", resume el estudioso de las vanguardias artísticas Guillermo de Torre.
Y finalmente, la reforma tipográfica, cuyos principales aspectos sintetiza y comenta este crítico, que citaremos en extenso:
Sustituía así, Marinetti, a la pura visión tipográfica de la página, una visión pictórica. Además, su revolución tipográfica comprendía no solo el empleo de varios tipos de letras, sino también la transformación radical de la página por la dirección de las líneas: verticales, oblicuas, circulares, o enlazadas mediante paréntesis y llaves, espaciadas, con letras mayúsculas de gran tamaño. Todas estas innovaciones, que corresponden a una necesidad ultraexpresiva, pueden ser viables, y han sido utilizadas, simultánea o posteriormente, desde el Apollinaire de los *Caligramas (…), llegaron a ser un lugar común de la tipografía publicitaria.
Indudablemente, algunas de estas innovaciones permearán la poesía siguiente hasta nuestros días, si bien ciertos elementos habían sido asomados por Mallarmé, por ejemplo, en su poema Un golpe de dados…. Aunque pueda considerarse como la expresión "hiperbólica de la poesía de lo moderno", al decir de Raymond,
enriqueció espacial, gráficamente, la poesía contemporánea.
El Futurismo, por ser el primer movimiento de vanguardia, influyó en los siguientes, más su influjo, como ha sido señalado por algunos estudiosos, fue infuso y superficial, no en profundidad, incluso algunos de sus rasgos llegaron a ser incoherentes entre sí. Por allí va la crítica sustentada por Octavio Paz:
Los futuristas italianos, al proclamar una estética de la sensación, abrieron la puerta a la temporalidad. Por la puerta de la sensación entró el tiempo; sólo que fue un tiempo disperso y no sucesivo: el instante. La sensación es instantánea. Así, el futurismo se condenó, por su estética misma, no a las construcciones del porvenir sino a las destrucciones del instante. (…) Eliminación del tiempo como sucesión y como cambio: la estética futurista del movimiento se resolvió en la abolición del movimiento.
Paz asienta una de las fuertes contradicciones de este movimiento que, proclamando el movimiento, se hundía en la inmovilidad de la inconexión.
Otras críticas han sido declaradas, como la que advierte que no hubo una generación futurista, pues el espíritu monopolizador y despótico de Marinetti, convirtió al "movimiento" en una secta; de allí que el especialista italiano Giuseppe Prezzolini afirme que "el futurismo fue la escuela de Marinetti", y que hubo más proclama y programa que obra.
Retomemos, finalmente, un penoso aspecto: la relación con el fascismo. La exaltación nacionalista, llevada al extremo del patrioterismo, las declaraciones proclives a la violencia y al populismo, así como sus actitudes segregacionistas, encontraron un terreno propicio para realizarse en el fascismo italiano. En 1924 Marinetti reconoce explícitamente: "El fascismo se ha nutrido de los principios futuristas". No es fortuito que Mussolini en 1929 lo nombrara miembro de la Real Academia de Italia.
Así cerraría, deplorable y trágicamente, la aventura futurista, que, como apunta el historiador Francesco Flora, es expresión de la "enfermedad contemporánea".
Referencias bibliográficas:
Compagnon, Antoine (1993). Las cinco paradojas de la modernidad. Caracas: Monte Ávila Editores.
Friedrich, Hugo (1974). Estructura de la lírica moderna. España. Edit. Seix Barral.
Paz, Octavio (1985). Los hijos del limo / Vuelta. Colombia: Edit. La Oveja Negra.
Pierre, José (1968). El Futurismo y el Dadaísmo (Introducción de Philippe Soupault). España: Edit. Aguilar.
Raymond, Marcel (1983). De Baudelaire al surrealismo. España: Fondo de Cultura Económica.
Torre, Guillermo de (1974). Historia de las literaturas de vanguardia (Tomo I). España: Edit. Guadarrama.
http://mason.gmu.edu/~rberroa/futurismo.htm
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