*************
Próximos a las fechas del Carnaval, o de las llamadas "fiestas carnestolendas" (que por las razones de la pandemia y la cuarentena, no podrán vivenciarse como se ha acostumbrado), cuyo origen se remonta a los ritos dionisíacos o báquicos en los que la carne, es decir, el cuerpo se entregaba a sus libres placeres (aunque, desde la visión cristiana, se trata más bien de apartarse de la carne, como puede verse en la etimología de las dos palabras), he querido ofrecer dos (o tres) reflexiones que nos acerquen a la dimensión del pensamiento acerca del cuerpo.
En primer término, una cita de Maurice Merlau-Ponty, pensador francés principal exponente de esa corriente filosófico-epistemológica cardinal a partir del siglo XX denominada Fenomenología. Es autor de libros muy relevantes como Fenomenología de la percepción, en los que fundamenta su concepción del cuerpo.
En el mismo instante en que vivo en el mundo, en que estoy entregado a mis proyectos, a mis ocupaciones, a mis amigos, a mis recuerdos, puedo cerrar los ojos, recostarme, escuchar mi sangre palpitando en mis oídos, fundirme en un placer o un dolor, encerrarme en esta vida anónima que subtiende mi vida personal. Pero precisamente porque puede cerrarse al mundo, mi cuerpo es asimismo lo que me abre al mundo y me pone dentro de él en situación.
Otra pensadora importante del siglo XX, Susan Sontag, a la que por cierto dedicamos un post en días recientes (*), abordó la cuestión del cuerpo, desde una óptica problematizada (donde seguramente influyó su enfermedad), pero igual de gran enriquecimiento para nuestra reflexión.
Lo que ahora importa es recuperar nuestros sentidos. Debemos aprender a ver más, a oír más, a sentir más.
Lo dicho por Merleau-Ponty, con una gran transparencia extraída de pensar la cotidianidad, nos sitúa en la relación compleja y densa que tenemos con el mundo como seres individuales: nos podemos "cerrar" a él para percibirlo en nuestra interioridad calmada y retirada, pero solo por esa posibilidad podemos sentirlo, revalorarlo, meditarlo, que es un "abrirse" al mundo.
Una cita parafraseada de su pensamiento recoge bien este sentido: "La existencia humana es existencia encarnada. El cuerpo es el centro sensible de la experiencia humana" (Nelson Rivera). O como recojo de un ensayo del poeta venezolano Lázaro Álvarez: "Sólo a través de la experiencia del cuerpo y del mundo sensible, puede aparecer el maravilloso misterio de la existencia”.
No hay modo de que nuestra existencia pueda desentenderse del cuerpo; incluso en los místicos, este es receptáculo de la experiencia divina (piénsese en Santa Teresa, cuyo éxtasis es casi erótico, como lo expresó Bernini en su famosa escultura -ver).
Susan Sontag también nos habla del cuerpo y sus facultades, pero desde la conciencia de un menoscabo, de una pérdida, y reclama la necesidad de recuperar el sentido de nuestra sensorialidad, la que nos permitiría sentir y aprehender la exteriorioridad desde nuestra condición de seres-en-el-mundo.